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La violencia feminicida

Argentina Casanova Mendoza


CIMACFoto: César Martínez López


La violencia contra las mujeres y niñas en México se encuentra en una etapa crítica de emergencia asociada con la urgencia de brindar medidas de protección a mujeres que han decidido salir del ciclo de la violencia. Las movilizaciones y acciones de protesta de los grupos organizados de mujeres son el intento por romper ese ciclo de las violencias contra las mujeres.

A pesar de este escenario, no se aporta información para comprender el fenómeno de la violencia en su contexto histórico y en el marco del análisis a partir del ciclo de la violencia dentro del modelo de Leonor Walker, a partir del cual las personas especialistas en atención a la violencia de pareja, saben que el momento de mayor riesgo es justo cuando las mujeres deciden salir de ese ciclo de violencias.

No obstante, al parecer el desconocimiento de esta lógica es causa de los desaciertos de actoras que tienen responsabilidad en la protección de la vida de las mujeres. En las instancias de las mujeres comentaron públicamente que lo que hacían “las feministas” era la causa de la violencia que se incrementaba en algunos puntos del país, elevando las cifras de feminicidio.

El comentario es desafortunado porque se basa en la premisa de responsabilizar a las víctimas de lo que ocurre, y en este caso a las acciones organizadas de movilización, protesta y resistencia de los grupos de mujeres. En él subyace una razón que vale la pena analizar.

En este mismo sentido, una mujer preocupada e interesada en conocer la causa del “incremento en la violencia contra las mujeres” en las últimas fechas, me planteó -durante una conversación- su duda acerca del vínculo entre la causa y el efecto, ante el incremento. No planteó una causa directa, sin embargo, le fueron evidente las consecuencias.

Lo cierto es que la violencia tiene un ciclo evidente y lógico del que difícilmente podemos sustraernos incluso como sociedad.

La máxima de detección de riesgo para las personas que tienen la responsabilidad de atender las violencias es que “cuando más en riesgo está la vida de una mujer, es justo en el momento en el que esta se decide a salir de esa situación y contexto de violencia” y es cuando se deben emitir órdenes de protección o implementar mecanismos de protección y cuidado para evitar que las agresiones sean esa violencia que amenaza la vida y la integridad de las mujeres

Si visualizamos que las movilizaciones, acciones y actividades de los grupos feministas son ese gesto de la mujer que decide romper el ciclo de la violencia y salir de ahí, en el discurso social se construye un símil a lo íntimo, a lo individual, en el que el sujeto que ejerce la violencia adoptará medidas para evitar que ella (la mujer) decida salir de esa violencia, ya sea mediante la retención, las amenazas o la agresión directa.

Quizá si lo miramos así, se pueda planificar una respuesta inmediata a la emergencia nacional que se vive en el país y adoptar una mirada diferente acerca de lo que se debe hacer y comprender el incremento de la violencia feminicida contra las mujeres que en forma desafortunada algunas personas justifican como una “respuesta” a las provocaciones de las mujeres, y no a la inversa, es decir, las acciones de las mujeres como una acción de agresividad de defensa frente a la violencia permanente y añeja.

Si preguntamos a cualquier mujer, ella tiene como parte de su herencia familiar una serie de consejos que otras mujeres de su familia le brindaron para tener medidas de protección que durante algún tiempo le funcionaron. Cruzar la calle si ve a alguien apostado en una, camina en sentido contrario a los vehículos, no dormirse en los autobuses, entre otras, pero ahora parece que esto no funciona justo porque el agresor está tratando de impedir que las mujeres rompamos ese ciclo histórico de la violencia, y al parecer es algo que está ocurriendo en el mundo entero pero es más evidente en México dados los niveles de la violencia contra las mujeres.

Ojalá las instituciones se den cuenta que la respuesta debe ser inmediata y emergente como en un plan frente al riesgo inminente en el que se encuentran las mujeres que están poniendo un alto a la violencia.

Escrito por Argentina Casanova Mendoza 18 septiembre, 2019

CIMACFoto: César Martínez López
La violencia contra las mujeres y niñas en México se encuentra en una etapa crítica de emergencia asociada con la urgencia de brindar medidas de protección a mujeres que han decidido salir del ciclo de la violencia. Las movilizaciones y acciones de protesta de los grupos organizados de mujeres son el intento por romper ese ciclo de las violencias contra las mujeres.

A pesar de este escenario, no se aporta información para comprender el fenómeno de la violencia en su contexto histórico y en el marco del análisis a partir del ciclo de la violencia dentro del modelo de Leonor Walker, a partir del cual las personas especialistas en atención a la violencia de pareja, saben que el momento de mayor riesgo es justo cuando las mujeres deciden salir de ese ciclo de violencias.

No obstante, al parecer el desconocimiento de esta lógica es causa de los desaciertos de actoras que tienen responsabilidad en la protección de la vida de las mujeres. En las instancias de las mujeres comentaron públicamente que lo que hacían “las feministas” era la causa de la violencia que se incrementaba en algunos puntos del país, elevando las cifras de feminicidio.

El comentario es desafortunado porque se basa en la premisa de responsabilizar a las víctimas de lo que ocurre, y en este caso a las acciones organizadas de movilización, protesta y resistencia de los grupos de mujeres. En él subyace una razón que vale la pena analizar.

En este mismo sentido, una mujer preocupada e interesada en conocer la causa del “incremento en la violencia contra las mujeres” en las últimas fechas, me planteó -durante una conversación- su duda acerca del vínculo entre la causa y el efecto, ante el incremento. No planteó una causa directa, sin embargo, le fueron evidente las consecuencias.

Lo cierto es que la violencia tiene un ciclo evidente y lógico del que difícilmente podemos sustraernos incluso como sociedad.

La máxima de detección de riesgo para las personas que tienen la responsabilidad de atender las violencias es que “cuando más en riesgo está la vida de una mujer, es justo en el momento en el que esta se decide a salir de esa situación y contexto de violencia” y es cuando se deben emitir órdenes de protección o implementar mecanismos de protección y cuidado para evitar que las agresiones sean esa violencia que amenaza la vida y la integridad de las mujeres

Si visualizamos que las movilizaciones, acciones y actividades de los grupos feministas son ese gesto de la mujer que decide romper el ciclo de la violencia y salir de ahí, en el discurso social se construye un símil a lo íntimo, a lo individual, en el que el sujeto que ejerce la violencia adoptará medidas para evitar que ella (la mujer) decida salir de esa violencia, ya sea mediante la retención, las amenazas o la agresión directa.

Quizá si lo miramos así, se pueda planificar una respuesta inmediata a la emergencia nacional que se vive en el país y adoptar una mirada diferente acerca de lo que se debe hacer y comprender el incremento de la violencia feminicida contra las mujeres que en forma desafortunada algunas personas justifican como una “respuesta” a las provocaciones de las mujeres, y no a la inversa, es decir, las acciones de las mujeres como una acción de agresividad de defensa frente a la violencia permanente y añeja.

Si preguntamos a cualquier mujer, ella tiene como parte de su herencia familiar una serie de consejos que otras mujeres de su familia le brindaron para tener medidas de protección que durante algún tiempo le funcionaron. Cruzar la calle si ve a alguien apostado en una, camina en sentido contrario a los vehículos, no dormirse en los autobuses, entre otras, pero ahora parece que esto no funciona justo porque el agresor está tratando de impedir que las mujeres rompamos ese ciclo histórico de la violencia, y al parecer es algo que está ocurriendo en el mundo entero pero es más evidente en México dados los niveles de la violencia contra las mujeres.

Ojalá las instituciones se den cuenta que la respuesta debe ser inmediata y emergente como en un plan frente al riesgo inminente en el que se encuentran las mujeres que están poniendo un alto a la violencia.

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